Querida Socorro, me hubiera gustado mucho conocerte. Otro compromiso cultural en una ciudad del norte entrerriano me lo impide. Será en otra oportunidad.
Me dirijo ahora a quienes no han leído todavía "El encargo". Me pareció una novela hermosísima. La leí casi sin detenerme porque me interesó desde la primera página. Comienza con una prosa serena y mesurada, perfecta en su sobriedad. El que habla en el inicio es un ser supra humano; Socorro ha tenido la delicadeza de dejar al lector la libertad para que interprete quién es en realidad este personaje. De acuerdo con la formación intelecto-espiritual del lector, podría ser tanto un individuo perteneciente a una civilización avanzada, cuyos dirigentes se sienten intrigados por la compleja y a veces contradictoria gama de emociones que tenemos los seres humanos, o un ángel que, según la opinión de varios místicos que he tenido oportunidad de leer, a pesar de sus grandes poderes carecen de libre albedrío y voluntad propia; de ahí que solo puedan proceder siempre de acuerdo a la más noble e infinita bondad de la cual han sido imbuidos en el momento de su creación.
El motivo de la llegada de este ser inefable es recoger toda la información que pueda sobre el obrar de los humanos, sus reacciones a diferentes estímulos, sus costumbres, sus prejuicios, sus valores. Una especie de análisis o estudio científico, parecido al que un meticuloso antropólogo realiza al estudiar las tribus que el "homo oeconomicus" considera primitivas, pero que tal vez sean los últimos especímenes del "homo sapiens". A fin de que pueda desarrollar con comodidad el estudio que le han encargado, este emisario, mensajero o enviado ha sido dotado de apariencia humana y capacidad de sentir de igual manera que nosotros.
Aparece en un barrio de Buenos Aires y enseguida traba amistad con dos mujeres jóvenes que parecen ser amigas de mucho tiempo y quererse mucho entre ellas. A partir de ese momento, la acción se va desarrollando con tanta naturalidad y, a la vez, de manera tan interesante que es casi imposible interrumpir la lectura, porque siempre queremos saber en qué va a terminar tal o cual acción de Alina o Marisol, las protagonistas. Y es así porque en "El encargo" están muy bien reflejadas toda la inocencia y la crueldad del ser humano, toda su capacidad de cálculo, toda su ambición, todo su heroísmo, toda su bajeza y todo su esplendor.
Quiero agradecer a Socorro la lucidez y el compromiso moral que tiene la novela. (...) Agradecerle sobre todo esa parte que testimonia que la terrible carga del espectro emocional humana es tanta y tan potente que hasta un ángel o emisario se siente abrumado por ella y busca escapes a través de la bebida o, incluso, a través de soñar lo que es imposible para él: el amor. Ese mensaje es sumamente esperanzador, porque afirma que los humanos, después de todo, no somos tan pequeños e insignificantes. Tenemos la misma potencialidad para el Mal que para el Bien. Y, sobre todo, la capacidad de elegir a cuál de los dos serviremos.
Quiero terminar con un pasaje muy sabio, porque nos sella los labios para algo que nos gusta tanto hacer: juzgar a los demás. El pasaje dice:
"No es preciso tratar con toda la Humanidad para saber de ella. Cada hombre y cada mujer parecen ser paradigmas de todos; repiten complejidades y contradicciones como espejos enfrentados". Bello y revelador.
Te deseo mucho éxito con "El encargo". Hasta siempre.
Tuky González de Carboni
Este espacio dedicado a la literatura, narrativa y poesía de todos los tiempos (la que yo conozco, ya que es un territorio inabarcable) quiere ser también una ayuda en cuanto a errores habituales del lenguaje escrito y hablado, sintaxis, ortografía, puntuación y mal uso de expresiones a las que se les suele dar distinto sentido del que tienen. Es solo un aporte desinteresado, que comparto por amor a las letras, para quien quiera seguirme.
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No saldrán críticas por razones ideológicas, soy algo así como "persona no grata" para quienes manejan la cultura en esta época.
ResponderEliminarAlcira (Tuky) González de Carboni es una conocida escritora y poeta entrerriana. Vive en la ciudad de Gualeguay.
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