martes, 12 de junio de 2012

Decálogo del perfecto cuentista (Horacio Quiroga, 1927)

1)   Cree en un maestro --Poe, Maupassant, Chéjov-- como en
    Dios mismo.
2)    Cree que su arte es una cima inalcanzable. No sueñes con
    dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo
    tú mismo.
3)    Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es
    demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de
    la personalidad es una larga paciencia.
4)    Ten fe ciega, no en tu capacidad para el triunfo, sino en el
    ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia,
    dando todo tu corazón.
5)    No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra
    adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras
    palabras tienen casi la importancia de las tres últimas.
6)    Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "desde
    el río soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más
    que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus
    palabras, no te preocupes de observar si son entre sí
    consonantes o asonantes.
7)    No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de
    color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso,
    él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
8)    Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta
    el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te
    distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver.
    No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de
    ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
9)    No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y
    evócala. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has
    llegado en arte a la mitad del camino.
10)   No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que
      hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés
      más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los
      que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene
      la vida en el cuento.

2 comentarios:

  1. Se podría agregar la undécima cláusula del decálogo: quien escribe jamás debe dar explicaciones. Se narra con hechos, acciones y diálogos. También con monólogos interiores, técnica usada por James Joyce, Vargas Llosa y muchos otros. Nunca dar explicaciones. Dejar que el lector perciba, a través de la acción o de la metáfora, lo que sucede. En eso consiste la técnica.

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  2. Ejemplo de frase perfecta, sin ninguna explicación,solo narrada: un lugar, una noche, un bosque, un momento:
    "Nada--repitió tío Gavin. No muy lejos ladró un perro y luego una lechuza voló silbando hasta la morera y comenzó a llorar,quejumbrosa y trémula, y todos los pequeños seres peludos estaban ahora en movimiento: ratas del campo, comadrejas, conejos y zorros, y también los reptiles, que se arrastraban o se deslizaban en medio de la tierra oscura, de esa tierra que bajo las estrellas sin lluvia del estío era simplemente oscura, no desolada".
    (William Faulkner, ´Un error de química´ (de su libro ´Gambito de caballo´)

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