sábado, 14 de julio de 2012

"Sentimientos y costumbres" (André Maurois)

"Para que una sociedad sea posible se impone que la Humanidad aprenda a amar. Y lo aprende, sobre todo, por el amor materno. Tan es así que, en el amor de la mujer hacia el hombre, queda, con frecuencia, algo de maternal.
(...) ¿Y el hijo? También él, si le cabe la suerte de tener una madre verdaderamente madre, aprende, merced a ella, en la aurora de su vida, lo que es el amor sin reservas que no pide recompensa alguna. Gracias al amor maternal sabe, desde sus primeros años, que el mundo no es por completo hostil, que pueden encontrarse manos acogedoras y una ternura siempre a punto, que hay seres en quienes puede tenerse una fe plena y ciega. Es una inmensa ventaja moral haber comenzado así la vida; los optimistas que, a pesar de los fracasos, a pesar de las desgracias, conservan hasta el fin su fe en la vida, fueron, por lo general, educados por una buena madre".

"Las cosas no dichas envenenan las almas demasiado cerradas, como los cuerpos extraños encerrados en una herida envenenan los tejidos. Tenemos necesidad de hablar, de descargarnos, de ser nosotros mismos, no en el sentido casi puramente físico de la familia y del amor, sino en el sentido intelectual, espiritual. Tenemos necesidad de sanear estos sentimientos secretos, estas protestas, expresándolas, entregándolas a un confidente que será un consejero. Por lo tanto, precisamos de otros vínculos que el amor, de otra sociedad que la familia. Esta otra sociedad será la amistad con un ser libremente escogido y hasta una unión espiritual con un maestro existente o muerto".

"Una de las causas más frecuentes de la desdicha en las clases ricas y ociosas es el hastío. Un hombre o una mujer que ganan con dureza su vida podrán tener muchas penas, pero no se aburren. El hombre o la mujer ociosos se aburren cuando en lugar de crear su propia vida , esperan que el placer provenga de un espectáculo".

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